lunes 19 de marzo de 2007

Sombras blancas

De repente tuve ganas de huir, y al mismo tiempo de quedarme aquí envuelta en las cobijas hasta las orejas. Salir corriendo, volar, largarme...Genève, Laussane, Berlín, Munich, Londres, París, Madrid, Granada, Caracas, Buenos Aires, Santiago... Cali se me antojó por momentos la sucursal del infierno, con sus más de 30 °C , sus traquetos, sus niños mendigos, sus autopistas de queso. Alguien me dijo que encontraría lo mismo en otros lares pero no me dolería porque no es mi país. No supe qué decir.
La cama está tibia, el desayuno servido a la mesa, listo para atender el llamado de mi estómago gruñón. El otro vacío también está ahí, pero hace falta más que chocolate, jugo de naranja y arepa para llenarlo. San Carlos y sus exámenes no parecen tan atractivos a esta hora, tampoco esa ciudad en Suiza de tejados nevados y rubios simplones. Yo no sé qué se perdió, ni siquiera sé si lo tuve, ni dónde ni cómo lo voy a encontrar. Me levanto pero sigo dormida. Un par de ojos azules cruzan mi mente dos segundos. Bendito chocolate, bebida de los dioses. Maldita nata, te odio, a cuchara te voy a sacar de mi pocillo, ni con leche semidescremada dejas de aparecer.
Allí, aquí. Allí, estoy parada con el césped bajo mis pies desnudos, las sombras blancas me rodean. No tengo brújula, no hay faro, ni compañía para el viaje. Aquí, el agua fría me cae en la cara mientras me baño. ¿Qué hacer aparte de esperar a que acabe este lunes festivo?